¿Es Rosario la ciudad más peligrosa de Latinoamérica?
Dicen que el miedo no tiene olor, pero en Rosario huele a pólvora quemada y a asfalto caliente. Si le preguntas a un porteño, te va a decir que el conurbano es peor. Si le preguntas a un mexicano, se va a reír y te va a hablar de Culiacán. Pero la realidad es tozuda, y los números no mienten: Rosario se ha convertido en el laboratorio del horror de Sudamérica. Ya no es solo "inseguridad", es una guerra asimétrica que se libra en las veredas, a plena luz del día, sin uniformes y sin reglas.

Durante años le dijimos la "Chicago Argentina". Qué ironía más hija de puta. Chicago tuvo a Capone, sí, pero también tenía a Eliot Ness. En Rosario, los malos ganaron hace rato. Caminar por el centro es ver edificios art decó maravillosos que parecen búnkeres de la Guerra Fría. Rejas, rejas y más rejas. Vidrios blindados. Y esa sensación horrible de que estás de visita en tu propia casa. La pregunta del millón retumba en cada asado y en cada noticiero internacional: ¿Llegamos al punto de no retorno? ¿Es esto lo más peligroso que tiene Latinoamérica?
La estadística fría: Más muertos que en zonas de guerra
Vamos a los datos, que son lo único que no se puede maquillar. En 2023 y lo que va de 2024, la tasa de homicidios dolosos en Rosario ha superado a la de muchas ciudades de México, Brasil o Colombia que históricamente se llevaban la corona de la violencia. Y ojo, no es solo la cantidad, es la calidad de la violencia. Aquí no se mata por un robo de zapatillas. Aquí se mata por territorio, por un cargamento de efedrina, por una deuda de droga. Es violencia industrial.
El problema de fondo es el puerto. Rosario es la puerta trasera de Sudamérica. Por ahí sale la soja, pero también entra la muerte. Las mafias locales ya no son pandillas de barrio; son franquicias internacionales con armamento de guerra. Fusiles AR-15, ametralladoras, granadas. La policía muchas veces va en autos que valen menos que los fierros que tienen los narcos. Eso genera una sensación de impunidad absoluta que es peor que el crimen mismo.
La geografía del miedo: Un tablero de ajedrez mortal
Lo que hace a Rosario única en el ranking mundial del miedo es su layout urbano. No es una ciudad dividida por un muro como en otras partes del mundo. Es un quilombo perfecto donde la villa miseria toca el country. Podés estar tomándote un café carísimo en Pellegrini y, si agarrás mal la avenida, en 10 minutos estás en una zona donde el Estado no entra ni a cobrar impuestos ni a llevar vacunas.
Esa mezcla es letal. El turista o el que viene de afuera no entiende que cruzar una calle puede ser cruzar la frontera de la vida a la muerte. No es paranoia, son datos duros y zonas rojas que están perfectamente delimitadas si sabés dónde buscar. Si querés entender crudo dónde pisás y qué calles son sentencia de muerte, te recomiendo que le eches un vistazo a este análisis sobre los barrios rosarinos. Es lectura obligada antes de agarrar un bondi o un remís.
El "Motochorro": La plaga evolucionada
Hablemos del ciudadano común. El rosarino ha desarrollado un sexto sentido. El "radar motochorro". Caminás por la calle y no mirás vidrieras, mirás esquinas. Escuchás una moto y el corazón se te acelera. Ya no es "cuidado te roban", es "cuidado te matan". El motochorro de hoy no te pide la billetera; te pega un tiro en el pecho por un celular de gama media que va a vender en cuatro mangos.
Esta desensibilización social es lo más triste. Una balacera en un boliche o en una esquina céntrica ya no es noticia nacional a menos que haya tres muertos. Si son dos "ajustes", es rutina. Los comercios cierran a las 18:00 hs. La vida nocturna murió. Rosario era la ciudad del rock, de Fito Páez, de Messi. Hoy es la ciudad del toque de queda no oficial. A las 21:00 hs, si no estás en tu casa o en un lugar cerrado y seguro, sos un blanco móvil.
¿Peor que Caracas o Tijuana?
Volviendo a la pregunta inicial. ¿Es la más peligrosa? Depende de cómo lo midas. En Tijuana o Acapulco, si no te metés con el narco, a veces te salvan. En Rosario, te puede tocar la bala perdida estando comprando un helado. Eso es lo que la hace terrorífica. Es una ruleta rusa donde el tambor está lleno de balas.
La ciudad está herida. Tiene una belleza arquitectónica increíble, una costanera que debería ser el orgullo del país y una gastronomía de primer nivel. Pero todo eso está opacado por el miedo. El rosarino es un héroe anónimo que se levanta todos los días a laburar sabiendo que quizás no vuelva. Rosario no es la más peligrosa porque sí. Es la más peligrosa porque nadie le pone el pecho. Ni la política, ni la justicia, ni a veces la sociedad misma. Es un grito de auxilio que se ahoga entre el ruido de las sirenas.

